
De Claude Chabrol.
Uno se pregunta muchas veces, quizá demasiadas veces: Si pienso tan distinto a los demás. Y ya no hablo de los críticos de cine. Porque revisando algunas críticas, más interesado por el argumento y el sentido de la historia y la psicología y carácter de los personajes, se llega a la conclusión, una vez más, de que hay otros mundos... pero están en éste.
Me preguntaba en la butaca del Dor si los que observaban la película veían la misma historia absurda que yo estaba viendo. Pero no absurda como demérito del filme, del director, del guionista ni nada de eso. Sino la absurda visión del amor de la protagonista y de los personajes.
Si eso es amor o algo que se le parezca, no tiene nada que ver conmigo.
El argumento según yo mismo:
"Una petarda medio mona, que de tanto oir que es guapa se lo cree, se encandila por un escritor cercano a los 60 que va de sobrado con las francesas. Y con su mujer a la que se la pega por todas partes cuando quiere y como quiere. Bellísima por cierto. Tan bella como tonta.
Al parecer, el escritor, como le da un poco de caña a la petarda después de la primera noche - como que no se encandile y tal- pues se ve que la petarda lo flipa con el escritor. No es que sea ni atractivo ni nada, tampoco es muy original porque siempre responde con citas de algún otro que obviamente no conoce el interlocutor. Pero el caso es que la tía se "enamora" o eso parecen hacernos creer. Y la tía se cree que va a dejar a su mujer y no sé qué. .
Bueno el caso es que hay un descerebrado, tan subnormal como rico que se encandila por la petarda porque la petarda le da caña y lo trata de niñato y tal. Bueno el subnormal se "enamora" de la petarda y ya tenemos el triángulo de los cojones.
Bueno, la editora del escritor es una mujer de bandera, operadita y tal como mandan los cánones occidentales actuales, pero una belleza de cuarenta y largos que quita la cabeza. No es que la editora participe mucho en el triángulo de los cojones pero es tan guapa que había que mencionarla. Por lo menos para mí. La delicio
sa Mathilda May.
Uno se pregunta muchas veces, quizá demasiadas veces: Si pienso tan distinto a los demás. Y ya no hablo de los críticos de cine. Porque revisando algunas críticas, más interesado por el argumento y el sentido de la historia y la psicología y carácter de los personajes, se llega a la conclusión, una vez más, de que hay otros mundos... pero están en éste.
Me preguntaba en la butaca del Dor si los que observaban la película veían la misma historia absurda que yo estaba viendo. Pero no absurda como demérito del filme, del director, del guionista ni nada de eso. Sino la absurda visión del amor de la protagonista y de los personajes.
Si eso es amor o algo que se le parezca, no tiene nada que ver conmigo.
El argumento según yo mismo:
"Una petarda medio mona, que de tanto oir que es guapa se lo cree, se encandila por un escritor cercano a los 60 que va de sobrado con las francesas. Y con su mujer a la que se la pega por todas partes cuando quiere y como quiere. Bellísima por cierto. Tan bella como tonta.
Al parecer, el escritor, como le da un poco de caña a la petarda después de la primera noche - como que no se encandile y tal- pues se ve que la petarda lo flipa con el escritor. No es que sea ni atractivo ni nada, tampoco es muy original porque siempre responde con citas de algún otro que obviamente no conoce el interlocutor. Pero el caso es que la tía se "enamora" o eso parecen hacernos creer. Y la tía se cree que va a dejar a su mujer y no sé qué. .
Bueno el caso es que hay un descerebrado, tan subnormal como rico que se encandila por la petarda porque la petarda le da caña y lo trata de niñato y tal. Bueno el subnormal se "enamora" de la petarda y ya tenemos el triángulo de los cojones.
Bueno, la editora del escritor es una mujer de bandera, operadita y tal como mandan los cánones occidentales actuales, pero una belleza de cuarenta y largos que quita la cabeza. No es que la editora participe mucho en el triángulo de los cojones pero es tan guapa que había que mencionarla. Por lo menos para mí. La delicio
sa Mathilda May.El caso es que la petarda ante la insistencia del subnormal y por despecho se casa con el descerebrado que acaba matando en público al escritor".
En fin, una mujer partida. Pues eso es una historia de amor contemporánea.
Así, al parecer somos los hombres y las mujeres hoy en día.
Yo no tengo nada que ver con eso.
Lo juro.
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